¿Por qué un blog?

"La memoria a veces parece un movimiento de resistencia ilegal, y los poseedores de memoria, los resistentes clandestinos. Existe la historia oficial: de ella se ocupan las instituciones estatales legales, los guardianes profesionales de la historia. Existe la historia personal. De ella nos ocupamos nosotros solos, haciendo catálogos de nuestra vida en álbumes familiares. Existe una tercera historia, alternativa, la historia íntima de cada día que hemos vivido. De ella se ocupan pocos, los arqueólogos del quehacer cotidiano es para excéntricos. Y justamente la historia de lo cotidiano es la guardiana precisa de nuestro recuerdo íntimo, más precisa que la historia oficial, más exacta, más cálida que la que está encuadernada en los álbumes familiares, porque la memoria secreta no se guarda en un museo estatal o en un álbum familiar, sino en un bollito, en una madeleine, lo que el maestro Proust sabía bien." Dubravka Ugresic - No Hay Nadie En Casa

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martes, 28 de junio de 2011

LOS RITUALES DE UNA ASIGNACIÓN DE VUELO


                                                 "ROTATE"- Airliners-net

El bip, bip, bip que irrumpe en el amanecer y que cancelo maquinalmente, pues mi conciencia aún habita esa tierra del sueño que entre brumas va desfigurando lo que queda de unas imágenes de quimera cual fantasmas que se deshacen en la nada, me conduce a la realidad de mi habitación. Las sombras tenues de cosas conocidas apenas perceptibles por el hilo de luz exterior que se filtra por un borde de la cortina de nuestra habitación,  el cuerpo de mi esposa que dormita en su lado de la cama, ese ingreso forzado en al vigilia, me advierten que estoy despierto, me recuerdan de golpe que son las 4:20 de la mañana y que debo levantarme a trabajar.

            Me paro con sigilo. Enciendo la luz que hiere mis ojos al cerrar la puerta del baño y advierto en el espejo a mis espaldas el uniforme que cuelga del perchero como un espantapájaros, un atavío cargado de simbolismo, con sus cuatro barras en los hombros de la camisa blanca, el escudo de la empresa en la presilla del bolsillo izquierdo, la corbata que cae torpe con sus alas sobre el cuello y las piernas del pantalón negro, laxas, en espera de mi. El baño me pone de lleno en mi nueva realidad, la del itinerario 301 que ayer me anunció el acucioso Raúl, funcionario de Control de Vuelos, por el teléfono. He hecho este proceso tantas veces y hoy transcurre en otro ciclo sin afanes, sin torpezas. Me arreglo en el baño. Apago la luz antes de salir pues me oriento entre las sombras. Me despido con un beso tenue que no irrumpa en su sueño, mi propio talismán de buena suerte. El maletín de vuelo y el saco está abajo como siempre. Tengo tiempo para un café mientras me recogen y para dejar lista la cafetera para mi esposa. Las seis y media horas de sueño y la expectativa del vuelo dan un sabor grato a esa bebida de la tierra que acaricia mi garanta. Llamo a la portería para que no timbren a la llegada del vehículo y salgo a esperar que arribe por mi.

            Ángela y Luz Dary son mis compañeras de viaje a Rionegro; apenas si articulan una respuesta a mis buenos días pues suelen hacer una siesta final en el trayecto al aeropuerto. Dejo vagar mis pensamientos en ese recorrido por estas lomas que suelen regalarnos unas alboradas naranja y rosa que pintan los bancos de niebla que persisten  sobre ese valle verde de mil tonos de San Nicolás, durante el descenso. Antes de las seis arribamos.

Nos dirigimos a las oficinas de Despacho de la empresa al costado sur del terminal. Ya hay una actividad frenética en el hall principal del José María Córdova con las filas usuales de los usuarios en su proceso de chequeo para el vuelo. Buenos días van y vienen con el personal de la compañía que nos ha precedido, pájaros madrugadores como nosotros. Mi copiloto, María Eugenia ya está en la oficina. Nos saludamos brevemente.

-Buen día Pizza- digo al Juan Carlos, el Oficial de Operaciones a cargo del vuelo.- ¿Cómo estamos hoy?

-Buen día Capitanes. Les comento: ya corrigieron el problema del reversible del motor dos, de manera que el avión no tiene MOTEC´s (motivos técnicos), y no tiene ninguna penalización. Hoy no necesitamos el MEL, bromea-  se refiere a la lista de equipo mínimo fuera de servicio, que nos alerta sobre cómo operar con componentes inoperativos y nos da pautas sobre cambios en procedimientos para mantener la seguridad. -Vamos full de pasajeros y hay dos funcionarios de la empresa que solicitan viajar en cabina pues no tiene puesto.

-No hay problema. ¿Sabes quienes son?- Que les den pasabordos de todas maneras. ¿Cómo está el tiempo y los NOTAMs?

Empieza entonces un detallado informe del estado del tiempo en el aeropuerto de origen, de destino, el alterno y la ruta, en ese lenguaje breve, de siglas que hablan de presiones atmosféricas, nubosidad, temperaturas, vientos, erupciones volcánicas, vientos de altitud, avisos especiales sobre fallas de radioayudas y estado de pistas, estado de comunicaciones, con un acervo de imágenes de radar impresas que nos da un panorama claro de lo que debemos esperar. Finalmente nos entrega a cada uno un plan de vuelo computarizado con todos los datos de la ruta a seguir, tiempos de vuelo, consumos de combustible, pesos y niveles de vuelo, herramienta que nos permite hacer un seguimiento detallado de cada una de las fases del trayecto. Le firmo una copia para el archivo que debe guardarse por tres meses.

-¿Ya llegaron todas las Auxiliares?

-Si Capitán, están haciendo su briefing en la sala de enseguida.

Este momento me agrada: el de la composición del equipo de trabajo. Ángela, Luz Dary, Pacho y Luisa son nuestros auxiliares. El supervisor es Pacho quien comenta cómo están ubicados cada uno en la cabina de pasajeros. Tras el saludo pasamos a comentar las novedades del primer vuelo y del día. Les comento el estado del tiempo, cómo está la aeronave. Recordamos asuntos básicos: somos un equipo, cualquier novedad debe comunicarse. Repasamos brevemente qué hacer en caso de evacuación, la clave en caso de secuestro, como proceder en caso de despresurización, de emergencias en tierra y fuego, renovamos nuestro compromiso irrevocable por la seguridad y por una comunicación generosa. Revisamos licencias de vuelo y certificados médicos vigentes, bromeamos un poco, no falta la anécdota del día, previo a dirigimos a la preparación del avión para el vuelo.

Los auxiliares se dedican a su tarea en la cabina de pasajeros. El primer trayecto es un motivo para mi. Le digo a Maria Eugenia que voy de piloto volando lo que define funciones entre nosotros. Mientras ella se dedica al chequeo exterior del avión, una rutina detallada que revisa visualmente toda la nave exteriormente conforme a una lista de comprobación que hemos memorizado, yo me dedico a la preparación de cabina, un flujo que recorre paso a paso los interruptores, los controles, palancas, equipos, para luego concentrarme en la programación de las computadoras incorporando la ruta, los pesos de despegue, las velocidades que luego revisaremos en conjunto antes de iniciar las turbinas. Pido abordar cuando Pacho me comunica que la cabina de pasajeros está lista. Está temprano. No tenemos afanes. Me siento agradecido con lo que hago.

Cuando Maria Eugenia regresa, me informa que no hay novedades “abajo” y que efectivamente el personal de mantenimiento le corroboró que fue corregido el problema del reversible. Mientras los pasajeros están abordando empezamos nuestra rutina precisa, en un lenguaje nuevo que ambos dominamos a fuerza de empeño y dedicación, que habla de “Check”, “On/Auto”, “Arm”, “Manual”, a las interpelaciones que ella me hace con la lista de chequeo en mano. En conjunto recorremos paso a paso las páginas de las computadoras, que replican el plan de vuelo y los pesos preliminares que nos ha dado el despacho.

Seis o siete minutos antes Pacho me informa que todos los pasajeros están a bordo y que los funcionarios de la empresa solicitan autorización para entrar en cabina. Los admitimos, les damos las instrucciones sobre qué significa estar en este espacio, y esperamos a nuestro despacho que llega siempre afanado por asuntos de última hora que amenazan la puntualidad del vuelo, una carga, un equipaje, un guacal con un perro, temas cotidianos que se tornan anécdotas. Sin embargo, al advertir que el puente de abordaje se retira y que faltan cinco minutos para la hora del itinerario respiro tranquilo y le pido a Maria Eugenia que solicite autorización de remolque y encendido de turbinas a Bogotá, mientras Pacho me da informe de cabina lista para el despegue con el avión full de pasajeros y dos en cabina.

-Le ganamos al Avianca y al Aerorepública hoy- me dice mi copiloto complacida.

Después de prender turbinas, de quitar el remolque, de las señales protocolarias de buen augurio, rodamos lentamente en la pista. El sol ya brilla al oriente, generoso. Pocas nubes auguran un vuelo de paisajes renovados esta mañana. Realizamos nuestras lista de chequeo de taxeo y la de antes de despegar, acordamos qué hacer en caso de falla antes y después de la velocidad de decisión y pedimos a la torre de Rionegro autorización para el despegue al aproximar la cabecera de la pista.

-Take Off!- anuncio. Mientras mis manos mueven las palancas de potencia al fondo para que las cerca de 40.000 libras de empuje de las turbinas nos lancen raudamente por el pavimento rumbo al aire.

-“Manual flex, SRS, Runway….Check”

-“One hundred knots…Check”

-“V1, Rotate!”

Y al halar con suavidad el bastón de mando, esa máquina portentosa, obedece con suavidad hasta soltar ruedas del pavimento para renovar una vez más el sortilegio del vuelo, ese desafío a la gravedad que nos libera de toda aprensión, de toda atadura, en un presente de belleza incomunicable, donde nuestros cuerpos hacen uno con ese aparato que responde una vez más a la razón por la cual decidimos volar.  

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